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Práctica 2. Sonia Gonzaga Goñi. La mirada del otro (confinado) #INVTICUA21

 

¿Cómo superé la pandemia de 2020?



    Cada vez que rememoro el año 2020 un súbito escalofrío me recorre la espalda. Esto se debe a la pandemia que asoló al mundo debido a la enfermedad Covid-19. De hecho, cada vez que lo recuerdo me resulta impactante, ya que parece producto de uno de los libros que suelo leer, esos que se ambientan en mundos postapocalípticos llenos de zombies, armas nucleares, etc.

    Cuando ocurrió este acontecimiento me encontraba en el segundo trimestre de 4º ESO e irónicamente me alegre mucho, pues podría estar en casa todo el día invirtiendo mi tiempo en cualquier otra actividad que no implicase ver el “careto” del profesor de matemáticas; esta claro que no me cae bien… Sin embargo, los días pasaban y no poder ver a mis amigos y hacer los típicos planes: ir al cine, a la bolera, etc., empezó a desquiciarme, ya no sabía en qué invertir mi tiempo. Es cierto que los profesores seguían ocupando un bello lugar en mi vida, nótese la ironía, pero de forma virtual; nos mandaban actividades, lecturas… Así pues, realizaba todas las actividades, pero no era suficiente para ocupar todo mi día.

    Mi padre, que me conocía mejor que nadie, me recomendó un cómic que se había leído en la infancia, aseguró que me iba a reír y el tiempo se me pasaría volando. Esa última parte fue la que más me atrajo, pues yo no era un gran fan de la lectura. Resultó que el cómic que me había dado mi padre, El botones Sacarino, era de lo más divertido y, sin dudarlo, comencé a leer más cómics.

    Un lunes típico de pandemia, mi hermano me vio absorto leyendo Watchmen. Él, maravillado porque su hermano por fin leía, decidió mostrarme cuentas de twitter sobre cómics, autores, teorías de los cómics… Yo, por aquel momento, ya tenía twitter, pero desconocía todas esas cuentas. Sin embargo, cuando comencé a seguir a esas cuentas otras me saltaron como “recomendadas” y así fue como conocí a Laura Gallego, César Mallorquí, Jordi Sierra i Fabra, Carlos Ruiz Zafón, entre otros. De toda esta experiencia lo mejor era poder interactuar con los autores por twitter, ya sea felicitándolos o reprochándoles la muerte de tu personaje favorito.

    Así que sí, de los cómics pase a las novelas de aventuras, de fantasía y de intriga. De Jordi Sierra i Fabra leí una gran cantidad de obras, pues la extensión no era muy grande, recuerdo leer El asesinato de la profesora de lengua, Kafka y la muñeca viajera, Diez días de junio (Inspector Mascarell), Ocho días de Marzo (Inspector Mascarell)… A diferencia de las lecturas de Jordi Sierra i Fabra, con Laura Gallego me adentré en el mundo de la fantasía con títulos como Todas las hadas del reino, El valle de los lobosCrónicas de la torre (esta saga me encantó), La emperatriz de los etéreos y El libro de los portales. Asimismo, de César Mallorquí leí Las lágrimas de Shiva, una obra que me dejó estupefacto. Y, finalmente, conforme la pandemia iba aminorando comencé a leer obras que tenía mi hermano de Carlos Ruiz Zafón como El príncipe de la niebla o Marina.

    Recuerdo que, aun habiendo una sensación de malestar en casa por la pandemia, fue uno de los períodos más felices de mi vida, pues conocí lo que era realmente leer y las sensaciones que dejaban en ti: emoción, tristeza, alegría y, seamos sinceros, un cierto vacío existencial cuando se acababa aquella obra que tantos sentimientos te había generado.


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